Abrió como pudo la puerta de un portal con un carné de identidad. Subió apresurado las escaleras hasta a última planta. Allí aguardó, acurrucado en la oscuridad, aferrado a su mala suerte y, a la vez, acariciando su pedacito de fortuna. Oía como se acercaban sirenas, oía gritos. A su vez, escuchaba expresiones de curiosidad tras las puertas de sus nuevos vecinos. Se preguntaban que pdia estar sucediendo en su calle. A apenas unos metros, tras la pared estaba el cincuenta por ciento de la respuesta a la cuestión.
Mientras tanto seguía la persecución al otro cincuenta por ciento. Como habían acordado, siempre correrían en direcciones opuestas. Ésta seguía co
rriendo, doblando esquinas, siempre con temor a encontrarse a quién nunca quiso que existiera. Dobló una esquina más cuando, de pronto, un coche negro se paró en seco. Estaba a dos metros de la muerte. Todo estaba siendo muy lento, pero en realidad no había dejado de correr. Así, compañera de las ganas de vivir, saltó apoyando un pie sobre el vehículo, impulsándose por encima, y volviendo a caer, en pie, sobre la acera. Continuó su carrera cuando escuchó un enorme ruido tras de si. Era uno de los coches de policía que la seguían, había chocado con el tercero de la secreta cortando la calle. Buen momento para correr sin mirar atrás.
Casi sin dar tiempo a que se cerrase la puerta, descolgó el teléfono para llamar a su compañero. Mala idea. En caso que anduvieran cerca de él, podrían delatarle por su insensatez. Volvió a colgar el teléfono y se dirigió a las ventanas, cerrando las persianas de cada una de ellas. No es que fuera necesario. Necesario era, en todo caso, asesinar ese tiempo que les separaba del saber si volvería a verle, a tocarle. En caso de que hubiese sido detenido, muy posible nunca más volverían a estar juntos. No era factible ir a visitarle a la cárcel, pues la investigarían, la reconocerían, y seria detenida. Estaba segura de que él jamás estaría dispuesto a permitir que esto ocurriera.
Suena el timbre, se queda quieta, y con el corazón lejos, asustad y escondido. Comienza a pensar, a divagar, no tiene mucho tiempo, su corazón es uno de los primeros factores que declaran la existencia de alguien detrás de esa puerta, en el piso.
Si fuese… tenía llaves… ¿por qué tocar el timbre entonces?... Puede que lo hayan cogido y… ¡que tonta soy!, el carné… dice dónde vive… dónde vivo… ¡¿por qué he tenido que venir aquí?!... Claro que… puede haber perdido sus llaves… ¿y cómo ha entrado en el portal?...
Volvió a sonar. Esta vez de un modo más desesperado. Podía escucharse la llamada de auxilio en aquel sonar. No lo pensó otra vez y corrió, abalanzándose sobre la puerta. Cómo alguien que está atracando una casa desconocida entró, ahogado en sudores. Antes de cruzar palabra alguna se quitó el jersey y las dos camisetas que habían pasado a formar parte de su piel. Calló exhausto en el sofá y gritó.
¡Calla! ¿Estas loco?, dijo ella.
¡De felicidad!, le contestó
Y fundiéndose de nuevo en un abrazo , más intenso y fogoso que el anterior, cómo quién besa por primera vez, cómo quién ansía formar parte del otro cuerpo. Comenzaron a desnudarse. Se acariciaban, parecían ser extraños, estaban conociéndose una vez más, habían vuelto a nacer. Después de hacer el amor, relajados, enchufaron una radio, no eran noticias lo que deseaban escuchar, sino una vieja canción en una cinta grabada. Prepararon algo ligero para cenar, y entre risas, juegos, chistes y besos cerraron su noche.
Sólo siento algo, que me hace estar triste y desilusionado, dijo él.
¿Qué te pasa?, le pregunto ella
No hemos denunciado su muerte, contesto
¡Sí lo hemos hecho!, contesto contenta
Sólo lo hemos intentado, reprocho él.
¡¿ Tres coches de policía ardiendo te parece poca respuesta?!, redijo ella.
Y volvieron a perderse entre la risa, y en el llanto que ésta producía cuándo…
¡¡ Sabemos que están ahí dentro!! ¡No vamos a tener mucha paciencia! ¡Hay dos policías muertos y tres están heridos! ¡¡Salgan sin causar más daños y todo podrá ir mejor!!
Y con un salto al vacio i un “Viva la anarquía” se arrojaron por la ventana de un tercero, entregados al vacio. El mismo vacio que siempre les había producido ésta sociedad.
Murieron juntos, porqué antes que amarse presos, prefirieron morir libres y juntos.
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Valors que es podrien treballar amb aquest relat de… ficció?
Llibertat
Igualtat
Justicia social
Anticapitalisme
Acció directa
Autogestió
Solidaritat
Compromís i responsabilitat
Recolzament mutu
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